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Sobreprotección en hijos.

Sobreprotección en hijos.

A cualquier edad: durante la niñez, adolescencia o adultez, el ser humano puede mostrarse muy apegado a otro ser, sea de manera física o emocional. El apego es un intenso vínculo afectivo que los seres humanos desarrollamos durante el primer año de vida con el fin de cubrir las necesidades físicas y emocionales que posteriormente nos ayudaran a construir diferentes tipos de relaciones: amor, amistad, compañerismo, etc.

Resulta ser que la evaluación del tipo de apego que una persona puede desarrollar dependerá de los valores y normas que rija la cultura. Por ejemplo, en países como Estados Unidos y Canadá se espera que los adolescentes al salir de la escuela medio superior se independicen económicamente de sus padres y que marquen distancia dejando la casa materna, sin embargo, en México el dejar la casa materna es un proceso más tardado y no por ende patológico, es decir, es lo esperado en la cultura. Otro factor que influye en el tipo de apego serán las condiciones orgánicas y ambientales del sujeto en cuestión. Por ejemplo, padres que no se despegan de sus hijos porque estos están enfermos o recientemente han experimentado un trauma, no pueden considerarse como dependientes o sobreproteccionistas.

No obstante, hay padres y madres de toda edad que suelen manifestar con regularidad y urgencia una conducta inusual de apego ansioso hacia sus hijos, que en lugar de favorecer que estos tomen un papel activo en su desarrollo como investigadores del mundo, los limitan en pensamiento y acción. Por ende, el sobreproteccionismo de padres a hijos es un tipo de vínculo donde el padre sobreproteccionista vuelca sus ansiedades y temores sobre sus hijos enviándoles el mensaje de “tú no puedes”.

Probablemente este tipo de padres tenga una historia donde en su infancia alguna situación real o fantaseada les produjo una alta sensibilidad al sentirse abandonados o a la posibilidad de perder el amor de las figuras cuidadoras. Por lo regular son personas a las que se les dificulta la separación momentánea de sus seres queridos sintiendo que estos se vuelven inaccesibles afectivamente, o por sentir que los están perdiendo, es decir, se vuelven inaccesibles permanentemente. Estas sensaciones los llevan a no reconocer que sus hijos son entes diferentes y autónomos a su persona y al no haber este reconocimiento el padre ansioso desplegara una serie de cuidados excesivo sobre su hijo ante los peligros que este siente debe evitar.

Lo paradójico de la sobreprotección de padres a hijos es que la preocupación va dirigida a cuidar al hijo de las amenazas del mundo exterior, sin embargo, se le enseña a temerle y sobre todo a no confiar en él ni en su contexto, dejando al hijo sin la capacidad de diferenciar y diferenciarse sobre que es lo que siente y piensa él y que es lo que sienten y piensas sus padres. Lo anterior resulta una actitud agresiva hacia los hijos disfrazada de desmesurada preocupación.

Con lo anterior no quiero decir que los padres no deben preocuparse por sus hijos ya que la preocupación es un importante factor para que los padres puedan desplegar los cuidados que un hijo necesita recibir para sentirse amado y aceptado en ese núcleo familiar. Me refiero a una preocupación desmesurada, donde los padres no puedan ni pensar que sus hijos son diferentes a ellos y por ende pueden separarse poco a poco.

Durante el primer año de vida se espera que la relación madre- hijo pase por una etapa de simbiosis donde la madre se sienta completa y creadora de un bebé que la necesita. Por otro lado, el bebé biológicamente incapaz de sobrevivir por sí sólo necesita de los cuidados de los padres para subsistir. El infante a causa de su maduración lenta, en un principio es un parásito funcional, ya que no puede interactuar con la madre, quien, gracias a la organización de su personalidad desarrollada y su membrecía en la sociedad, es el equivalente funcional de huésped de su hijo (Cameron, N., 2003).

Es importante mencionar que la separación parcial madre- hijo, es una serie de importantes logros del desarrollo físico y mental de un ser humano. Por ejemplo, cuando un niño aprende a caminar es un logro que pueda alejarse de mamá, aunque sea por centímetros, ya que esto, entre otros factores, le proporcionará la confianza básica necesaria para saciar su necesidad de explorar su mundo. Si la reacción de la madre o padre ante el alejamiento de su hijo es de ansiedad excesiva, este aprenderá que lo que está haciendo es peligroso.

Los llamados “niños simbióticos”, son ejemplos de casos graves de relaciones simbióticas patológicas, quienes son incapaces de terminar la diada madre-hijo por lo cual continúan desarrollando una relación dependiente y sumamente distorsionada con la figura materna, donde se encuentran en una psicosis infantil (Cameron, 1990).

En conclusión, la capacidad que tengan los padres de regular sus angustias y las angustias de sus hijos en un ambiente de confianza, se traducirá en que estos podrán desarrollar una identidad propia y una seguridad básica que les dé la oportunidad de establecer relaciones donde impere la confianza en sí mismo, en el mundo y en los demás a su alrededor.

 

DATOS DE AUTOR

Mtra. Lorena Polo Hernández

Clínica de Asistencia de la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM). www.spm.org.mx

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