Culpa por los excesos navideños

Culpa por los excesos navideños

Psic. Luis Gerardo Montes Mendoza

 

Se acerca la Navidad y con ella las fiestas, los regalos y la comida. Para mucha gente, sin embargo, las fiestas pueden ser una fuente de ansiedad y culpa por los excesos que puedan darse.

Al pensar en excesos navideños la primera imagen que viene a la mente es la comida.  Cada persona tiene una relación diferente con la comida, pero en épocas navideñas es muy común que la mayoría de la gente coma en exceso. Tanta comida, tanta reunión y es tan difícil decirle que no a un plato más. En ningún otro momento del año hay tantas reuniones, cenas y compromisos en un periodo tan reducido de tiempo. Los mexicanos tenemos una relación especial con la comida en la que ésta siempre acompaña cualquier evento, sea una fiesta o un funeral y, mientras más comida haya, mejor. Ya desde este punto es complicado imaginar que no se va a caer en ningún exceso.

 

La situación se complica cuando tomamos en cuenta los factores psicológicos. La Navidad es una época que puede despertar muchos conflictos, tanto individuales como familiares. Las familias se reúnen en estas fechas, algunas solo se ven en las fiestas navideñas y eso siempre puede prestarse a que renazcan viejos pleitos y comparaciones. Estas reuniones, o la falta de ellas y el sentimiento de soledad que ello puede generar, pueden ser una causa importante de ansiedad o depresión.

 

De la misma manera, en un nivel individual, la Navidad puede causar conflictos debido a que -al relacionarse con el Año Nuevo – para mucha gente representa el final de un ciclo y esto lleva a muchos a reflexionar sobre lo que el año que termina representó. Para algunas personas esta reflexión puede volverse extremadamente crítica al pensar que no se consiguió lo que se deseaba en términos profesionales, amorosos, individuales, etc. No es casualidad que en Navidad aumente la demanda de psicoterapia, en especial por sentimientos de depresión.

 

Aquí es donde entra la comida. Frente a los sentimientos de tristeza o ansiedad que la Navidad puede llegar a causar una persona va a buscar algo que le haga sentir bien y en muchos casos la comida va a ocupar ese papel. La comida sirve para bajar la ansiedad, para olvidarse de la parte frustrante de la Navidad y de la vida en general. Desafortunadamente, el abuso de esta como una muleta o una distracción – los atracones – lleva a algunas personas a sentirse culpables por asuntos relacionados a su peso, salud o a una falta de autocontrol. Llega un momento en el que la comida se vuelve un causante de ansiedad o tristeza lo cual lleva a la persona a comer más, ya sin siquiera disfrutar, buscando deshacerse de esos sentimientos. Se genera así un círculo vicioso en el que la comida comienza a causar culpa, pero se sigue recurriendo a esta para sentirse mejor. Es el equivalente a alguien que fuma para relajarse y se estresa porque no puede dejar de fumar…y entonces enciende otro cigarro para calmarse.

 

La comida no es el único exceso en el que se puede incurrir durante las fiestas navideñas. Puede haber también un aumento en el consumo de alcohol y otros estupefacientes con el fin de evitar o de anestesiarse durante las facetas conflictivas de la Navidad. Aquí también puede entrar un asunto de control, relacionado con cualquier sentimiento de frustración o de impotencia relacionado con las fiestas: como siento que no puedo controlar aspectos de mi vida mejor voy a controlar lo que pongo dentro de mi cuerpo. Desafortunadamente, la sensación de control o de poder tiene que estarse renovando con el consumo constante de alcohol y las consecuencias que esto puede tener. Consecuencias que pueden ir desde sentimientos de culpa, peleas hasta accidentes.

 

También hay excesos relacionados con el dinero, con gasto excesivo en regalos, fiestas o vacaciones. Operan los mismos conflictos que los relacionados con la comida, especialmente lo vinculado con comparaciones entre familiares y amigos cercanos. Ocurre aquí lo ya mencionado de tratar de disfrutar y sentir ansiedad ante el derroche. Esto puede resultar en una búsqueda frenética de algo placentero a la par de un creciente sentimiento de culpa. Vale la pena pensar también si la tan mencionada culpa no estaba presente desde antes de los excesos económicos o alimenticios. Aquí es donde entra el papel de los propósitos de Año Nuevo.

 

No es casualidad que la mayoría de los propósitos de Año Nuevo giren en torno de hacer ejercicio, ahorrar, bajar de peso, dejar de fumar, etc. Es decir, giran en torno a reducir los excesos que tuvieron lugar en el año que termina, especialmente en las fiestas navideñas. Durante la Navidad los propósitos sirven para reducir la culpa causada por cualquier exceso: estoy gastando mucho pero el próximo año voy a ahorrar. El problema es que esa culpa no se va del todo y vuelve con singular intensidad cuando se acerca la siguiente Navidad pues, como se mencionó antes, marca el fin de un ciclo en el cual algunas personas pueden llegar a sentir que no cumplieron con los propósitos o metas que tenían. La respuesta a esto, como si fuera un círculo vicioso que dura todo el año, se encuentra en caer de nuevo en todo tipo de exceso.

 

Vale la pena mencionar otro escenario posible. El de una persona que no toma parte de los festejos con tal de no caer en ningún exceso, lo cual puede llevar a sentirse culpable por no poder disfrutar. La pregunta, entonces, es ¿cómo disfrutar de la Navidad sin exagerar? En primer lugar, es importante aceptar que uno es humano y que probablemente va a comer, beber o gastar de más en algún momento. El problema está cuando son comportamientos que se acercan a algo compulsivo. Es decir, que la persona sienta que no puede detenerse. En segundo lugar, tomando en cuenta que llega un punto en el que toda acción placentera que se lleva a acabo de forma excesiva o repetitiva deja de disfrutarse. A veces es más placentero un platillo o una bebida que cinco o seis. Finalmente, puede ayudar el recordar que cualquier cambio que se desee hacer en la vida no tiene que hacerse en Año Nuevo si no que puede comenzarse en cualquier momento. En relación a los propósitos de Año Nuevo, no está de más el ponerse metas más concretas. No es lo mismo proponerse “Voy a ahorrar” que “Voy a ahorrar x cantidad cada mes.” Esto convierte cualquier meta en algo más tangible.

 

A fin de cuentas, las fiestas navideñas son una gran oportunidad para divertirse, convivir con los seres queridos y descansar. En caso de que alguien se sienta abrumado por la proximidad de estas fecha o tema que resurjan conflictos de antaño o no poder controlarse siempre está la opción de buscar apoyo psicológico.

 

DATOS DE AUTOR

Clínica de Asistencia de la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM). www.spm.org.mx

Atención Previa Cita:México D.F. Teléfonos:   5553 3599 y 5286 6550. Email: spp@spm.org.mx

Satélite. Teléfono: 5393 0007. Metepec; Edo. México. Teléfono: 2153024.