Reacciones de las vacunas

Reacciones de las vacunas

La fiebre, el dolor y el llanto inconsolable son las reacciones comunes que experimenta un pequeño después de que se le aplica una vacuna. Muchos padres se preocupan por dichas reacciones, pero normalmente son leves y desaparecen sin dejar secuelas.

 

 

Dr. Salvador Amor Santoyo*

 

 

Las vacunas son sustancias capaces de hacer que quien las recibe pueda fabricar defensas contra una serie de enfermedades infecciosas llegando a no tenerlas. Gracias a ellas se han podido erradicar enfermedades infantiles muy graves y mortales. Sin embargo, éstas pueden provocar ciertas reacciones en el sitio de aplicación, entre ellos están el enrojecimiento, dolor e inflamación, irritabilidad, llanto, somnolencia, disminución del apetito, vómito, diarrea, brotes, pero la reacción más frecuente en las primeras 48 horas después de haber recibido la vacuna es la fiebre.

 

¿Qué es la fiebre?

Es una respuesta biológica de nuestro organismo que se presenta secundaria a dos tipos de estímulos; el infeccioso (como en una faringitis o gastroenteritis), y el estímulo no infeccioso (como puede ser después de la aplicación de una vacuna). Esta respuesta está mediada en nuestro cuerpo por unas proteínas pequeñas, que regulan, entre otras cosas, los procesos inflamatorios llamadas citoquinas. Éstas actúan directamente a nivel del sistema nervioso central (en el cerebro) y del hipotálamo.

Las citoquinas estimulan la producción de prostaglandinas, otras sustancias que se encuentran en el cuerpo, lo que favorece una elevación de temperatura a nivel cerebral. Con esto nuestro cuerpo siente “frío” e incrementa en todo su metabolismo, por lo que sentirá un crecimiento en la actividad y tono muscular, lo que conocemos como escalofríos, además disminuye la sudoración. De aquí, el resultado es el aumento de la temperatura corporal que se manifiesta como fiebre (superior a los 38°C).

 

¿Qué es el dolor?

El dolor es una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada con una lesión y provocada por diferentes causas como un golpe directo o, bien, por la aplicación de una vacuna. Dicho estímulo viaja por los nervios periféricos hasta la médula espinal, el mensaje llega hasta el cerebro, donde es interpretado como algo molesto. Además se identifica el tipo, intensidad y sitio del dolor, lo cual provoca una experiencia desagradable en la persona. El dolor no sólo es una experiencia física sino también emocional. Cada persona en particular reaccionará, interpretará y responderá de manera diferente, como resultado de la experiencia personal, formación y educación.

 

Efectos después de aplicar la vacuna

Por lo regular todas las vacunas aprobadas internacionalmente son seguras y eficaces, aunque tal afirmación no es absoluta para todas las personas. Algunas personas, quienes reciben la aplicación de las vacunas, presentarán ciertas reacciones adversas. Las más comunes suelen ser leves o moderadas como: fiebre, hinchazón local, enrojecimiento y dolor en el sitio de la inyección, mismas que no dejan secuelas permanentes. La reacción adversa se presenta dependiendo del tipo de vacuna administrada y del individuo a quien se le aplicó.

 

¿Qué tipo de vacunas las provocan?

Hay dos tipos básicos de vacunas: vivas atenuadas y las inactivadas. Las características de ambas son diferentes y éstas determinan cómo se usa cada una, así como sus efectos adversos.

Las vacunas vivas atenuadas se producen mediante la modificación, en un laboratorio, de virus y bacterias. El organismo resultante de la vacuna retiene la capacidad de crecer y producir inmunidad (protección), pero por lo general no causa la enfermedad. Las vacunas inactivadas pueden estar compuestas de virus o bacterias enteras o fraccionadas y de la misma forma, al ser administradas, tienen la capacidad de generar “protección” y no causar la enfermedad.

Las reacciones locales, como dolor, inflamación y enrojecimiento en el sitio de la inyección, pueden ocurrir hasta en el 50 por ciento de las dosis de vacunas, dependiendo del tipo de éstas últimas. Las reacciones locales son muy comunes con las vacunas inactivadas, como es el caso de la vacuna contra difteria, tos ferina y tétanos (DPT). Las reacciones adversas locales casi siempre ocurren algunas horas después de la inyección y, por lo general, son leves y autolimitadas.

En cuanto a las reacciones adversas sistémicas son fenómenos más generalizados e incluyen fiebre, malestar, dolor muscular, dolor de cabeza, pérdida del apetito, entre otras. Las reacciones adversas sistémicas son más comunes después de aplicar vacunas vivas atenuadas. Estas reacciones, por lo general son leves y se producen una a dos semanas después de la vacunación. Por ejemplo, el virus vivo atenuado de la influenza, se replica en las membranas de la mucosa de la nariz y garganta, como resultado, la persona puede presentar síntomas de un catarro, pero no síntomas de influenza.

 

Factores o síntomas

Los factores que indican si hay fiebre o dolor en el niño post-vacunado siempre se manifestarán con una irritabilidad anormal, llanto constante, falta de apetito, cansancio, ataque al estado general o, simplemente, falta de interés en sus actividades de juego o en su apetito por las golosinas. El niño siempre lucirá hipo-activo, en brazos de su familiar.

Los padres de los niños con fiebre y dolor, siempre deberán de comunicarse con su Médico Pediatra. Éste les podrá interrogar por vía telefónica sobre la condición del niño y la necesidad de darle o no tratamiento o, en su caso, la necesidad de una revisión médica completa.

Nunca hay que olvidar que todos estos síntomas post-vacunales son inespecíficos y pueden presentarse por coincidencia después de la aplicación de una vacuna, derivándose en otro síntoma o alteración, por ejemplo un proceso infeccioso incipiente (es decir, cuando se identifica un síndrome febril de origen presumiblemente infeccioso, de varios días de duración, usualmente más de tres a cinco días, en la que no existe un foco infeccioso identificable).

 

¿Cómo se tratan las reacciones?

El tratamiento, siempre que sea necesario, deberá estar indicado por un médico, nunca se debe automedicar al pequeño. El tratamiento es sintomático, es decir, el objetivo es quitar exclusivamente el malestar, ya que como entendemos, son reacciones “habituales” secundarias a la vacunación. De tal manera el medicamento de elección es el Paracetamol a dosis de 10 a 15 mg/Kg/dosis, 3 a 4 veces en 24 horas durante no más de 3 días. Con esto el paciente debe mejorar. El Paracetamol es el primer medicamento de elección, ya que tiene un excelente efecto para limitar y controlar la fiebre y el dolor y, por otra parte, no causa irritación gastrointestinal (gastritis, ni sangrado intestinal) en los niños. Si el pequeño no presenta mejoría, se debe acudir a una revisión médica completa, para evaluar su condición y establecer las causas por las cuales persiste el malestar.

Las reacciones adversas de las que hemos hablado afortunadamente no producen complicación alguna, y como ya mencionamos, de persistir no estarían relacionadas con la vacunación sino con alguna otra enfermedad independiente.

Por otro lado, sí existe un tercer tipo de respuesta adversa a las vacunas, que son las reacciones alérgicas, las cuales pueden ser graves. Esta respuesta alérgica puede ser producida por cualquier tipo de vacuna, principalmente por las sustancias con las que está elaborada. Las reacciones alérgicas graves pueden poner en peligro la vida, por fortuna, son muy raras y se dan con una frecuencia menor, de una en medio millón de dosis. El riesgo de una reacción alérgica puede minimizarse mediante una buena evaluación antes de vacunar. Por ello, todos los que administran vacunas deben contar con un protocolo de emergencia y provisiones para tratar la reacción alérgica.

Dentro de las reacciones locales, la más común actualmente es el dolor, el cual puede presentarse en un 50 por ciento de los pacientes vacunados. En cuanto a la fiebre, se presenta generalmente después de la administración de vacunas vivas atenuadas.

 

Consejos y cuidados básicos

  • El médico Pediatra siempre le deberá orientar sobre las reacciones adversas, después de la administración de una vacuna. Con esta información, los padres tendrán la capacidad de identificar el problema y atribuirlo a la administración de la vacuna.
  • Inicialmente es recomendable después de la vacunación darle un baño con agua caliente “agradable al niño” para relajarse, principalmente después de la aplicación de vacunas intramusculares.
  • En casa debemos tener un maletín con medicamentos, y dentro de éstos, el Paracetamol es fundamental. Pero hay que recordar que no se debe automedicar bajo ninguna circunstancia. Sólo por indicación médica podremos administrar medicamentos a los niños.
  • De presentarse reacciones adversas post-vacunales, el seguimiento deberá ser ambulatorio por parte del médico, es decir, se mantendrá estrecha comunicación por vía telefónica. De persistir el malestar por más de 72 horas, lo recomendable es solicitar una revisión médica para descartar alguna otra enfermedad independiente a la vacunación.

 

DATOS DE AUTOR:

* Médico Pediatra del Hospital Ángeles Lomas. Tel: 5246 9532. Consultorio 340. drsalvadoramor@gmail.com